Los mundos reales de Miyazaki
El Viaje de Chihiro, ganadora del Oscar a Mejor Película de Animación y del Oso de Oro en Berlín, es la obra maestra indiscutible de Hayao Miyazaki y el Studio Ghibli. Aunque la película transcurre en un mundo sobrenatural de espíritus, dioses y brujas, sus paisajes están profundamente enraizados en lugares reales de Japón y el este de Asia.
Jiufen, un antiguo pueblo minero en las montañas de Taiwán, es la locación más asociada con la película. Sus callejuelas empinadas, sus faroles rojos balanceándose en la brisa nocturna y sus tiendas de té con vistas al mar crean una atmósfera que transporta instantáneamente al visitante al mundo de Chihiro. Aunque Miyazaki nunca confirmó oficialmente la conexión, la similitud es tan evidente que Jiufen se ha convertido en un destino de peregrinación obligatorio para los fans del anime.
El edificio Meguro Gajoen en Tokio, con sus interiores extraordinariamente ornamentados, ofrece otra posible fuente de inspiración para la opulenta casa de baños de Yubaba.
Ginzan Onsen: donde la realidad supera la ficción
Ginzan Onsen, en la remota prefectura de Yamagata, es quizás el lugar que más fielmente evoca la atmósfera de la película. Este pequeño pueblo termal, enclavado en un valle nevado, conserva sus edificios de madera de principios del siglo XX perfectamente alineados a ambos lados de un río que fluye por el centro.
En invierno, cuando la nieve cubre los tejados y las luces cálidas de los ryokan se reflejan en el agua, Ginzan Onsen parece una escena sacada directamente de la película. El vapor que se eleva de las aguas termales añade un toque mágico que difumina la frontera entre realidad y fantasía. Bañarse en estas aguas es la forma definitiva de experimentar el espíritu de El Viaje de Chihiro.